El sol nos
da la vida. Vaya perogrullada…
Pero. ¿Lo
tenemos suficientemente presente?. Se nos está enseñando a temerle al Sol. Y el
Sol puede ser peligroso sí. Como
puede ser peligroso conducir un auto sin ajustarte a las normas y limitaciones
inherentes. Y todo en el mundo, en la vida. Tiene sus peligros.
En el
invierno, hay menos horas de Sol. Y la naturaleza se apaga por meses. Vuelve el
Sol, y vuelve la vida.
Cuando no
recibimos suficientemente Sol, sencillamente enfermamos en el conjunto cuerpo-espíritu.
Nos apocamos como se apoca la naturaleza.
Menos Sol=
enfermedad. Entonces: mas Sol igual ¿a qué?. A mas salud integral…
Durante
décadas he sido un practicante Zen de la secta Soto. Ahora además “he
descubierto al Sol”. Digo además, no digo “-pero- he descubierto al Sol”.
Porque el Zen es una vía hacia El Gran Misterio, que considero es la mía, de
las muchas muchas que hay. Ya veremos cómo convino la meditación Zen, con el
Surya Yoga. Aunque es de lógica que siempre debemos abrazar lo más efectivo
espiritualmente hablando. Si procediera abandonaría mucho del Zen, y me
quedaría con su estética toda. En definitiva las vías o métodos, no son más que
“barcas para pasarnos a la otra orilla”.
El Gran
Misterio, está más allá del Sol, pero este Sol, es la forma que adopta la
máxima expresión de la divinidad, alojada en una forma física.
Cuando
alcanzamos un cierto nivel de vibración, todo lo del mundo nos habla de la
divinidad, y el Sol más.
escritores y
filósofos como Shakespeare y Descartes, que no sólo percibieron la importancia
de la luz como fenómeno físico, sino también su relación con la esencia humana.
Descubrieron que los ojos,
portadores de la luz para el cuerpo, la mente y el espíritu, constituían una
vía de acceso para llegar a la integración del ser con su esencia, con el medio
externo, con el universo y con Dios.
El doctor
Dinshah Ghadiali (1873-1966), físico, químico y matemático descubrió que cuando
un elemento es expuesto a la luz blanca, absorbe la frecuencia correspondiente
a su banda espectral y emite luz en esa misma frecuencia. Tal es el caso del
hierro en la fotosíntesis, en que absorbe de la luz blanca la banda espectral
correspondiente al color verde y emite esa misma banda de frecuencia,
proporcionando el color verde a los vegetales.
Llegó a la
conclusión de que estando el cuerpo humano constituido de muchos elementos
químicos, también él debe absorber luz de una determinada frecuencia y emitirla
al exterior, a través del campo electromagnético que envuelve el cuerpo, al que
los antiguos denominaron aura.
Pues bien. La
luz blanca es la luz del Sol. Los doctores que investigan sobre la terapia de
la luz, son los que saben. Pero, lo cierto es que mirar al Sol en determinadas condiciones se sabe
desde la antigüedad es benéficioso para el cuerpo-espíritu. Y se puede deducir que
si recibimos la luz blanca del Sol, recibimos sus siete colores,
todas las frecuencias de esa luz. Luego simplemente con mirar al Sol, tal como
preconiza el Sungazing de Hira Ratan Manek recibimos seguro, el color que necesitamos para
nuestra salud, según la cromoterapia. La frecuencia del color que no
necesitemos, sirve para fortalecer el aura.
Quiero testificar, que mirar al Sol con la orientación que nos da Hira Ratan Manek, yo lo he practicado al
completo, y que no he tenido síntoma negativo alguno, ni en la vista ni en el
cuerpo todo. Llegue a estar mirando 45 minutos al Sol del atardecer, siempre
dentro de la última hora de Sol. ¿Beneficios?. No puedo precisar, solo deciros
que estoy sano.
Mirando al Sol. Recibimos información del kosmos. Y la ley del kosmos, es la ley del amor...
Mirando al Sol. Recibimos información del kosmos. Y la ley del kosmos, es la ley del amor...
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