lunes, 9 de noviembre de 2015

El Sol. Y la salud integral



El sol nos da la vida. Vaya perogrullada…

Pero. ¿Lo tenemos suficientemente presente?. Se nos está enseñando a temerle al Sol. Y el Sol puede ser peligroso . Como puede ser peligroso conducir un auto sin ajustarte a las normas y limitaciones inherentes. Y todo en el mundo, en la vida. Tiene sus peligros.
En el invierno, hay menos horas de Sol. Y la naturaleza se apaga por meses. Vuelve el Sol, y vuelve la vida.
Cuando no recibimos suficientemente Sol, sencillamente enfermamos en el conjunto cuerpo-espíritu. Nos apocamos como se apoca la naturaleza.
Menos Sol= enfermedad. Entonces: mas Sol igual ¿a qué?. A mas salud integral…
Durante décadas he sido un practicante Zen de la secta Soto. Ahora además “he descubierto al Sol”. Digo además, no digo “-pero- he descubierto al Sol”. Porque el Zen es una vía hacia El Gran Misterio, que considero es la mía, de las muchas muchas que hay. Ya veremos cómo convino la meditación Zen, con el Surya Yoga. Aunque es de lógica que siempre debemos abrazar lo más efectivo espiritualmente hablando. Si procediera abandonaría mucho del Zen, y me quedaría con su estética toda. En definitiva las vías o métodos, no son más que “barcas para pasarnos a la otra orilla”.
El Gran Misterio, está más allá del Sol, pero este Sol, es la forma que adopta la máxima expresión de la divinidad, alojada en una forma física.
Cuando alcanzamos un cierto nivel de vibración, todo lo del mundo nos habla de la divinidad, y el Sol más.
escritores y filósofos como Shakespeare y Descartes, que no sólo percibieron la importancia de la luz como fenómeno físico, sino también su relación con la esencia humana. Descubrieron que los ojos, portadores de la luz para el cuerpo, la mente y el espíritu, constituían una vía de acceso para llegar a la integración del ser con su esencia, con el medio externo, con el universo y con Dios.

El doctor Dinshah Ghadiali (1873-1966), físico, químico y matemático descubrió que cuando un elemento es expuesto a la luz blanca, absorbe la frecuencia correspondiente a su banda espectral y emite luz en esa misma frecuencia. Tal es el caso del hierro en la fotosíntesis, en que absorbe de la luz blanca la banda espectral correspondiente al color verde y emite esa misma banda de frecuencia, proporcionando el color verde a los vegetales.
Llegó a la conclusión de que estando el cuerpo humano constituido de muchos elementos químicos, también él debe absorber luz de una determinada frecuencia y emitirla al exterior, a través del campo electromagnético que envuelve el cuerpo, al que los antiguos denominaron aura.
Pues bien. La luz blanca es la luz del Sol. Los doctores que investigan sobre la terapia de la luz, son los que saben. Pero, lo cierto es que mirar al Sol en determinadas condiciones se sabe desde la antigüedad es benéficioso para el cuerpo-espíritu. Y se puede deducir que si recibimos la luz blanca del Sol, recibimos sus siete colores, todas las frecuencias de esa luz. Luego simplemente con mirar al Sol, tal como preconiza el Sungazing de Hira Ratan Manek recibimos seguro, el color que necesitamos para nuestra salud, según la cromoterapia. La frecuencia del color que no necesitemos, sirve para fortalecer el aura.
Quiero testificar, que mirar al Sol con la orientación que nos da  Hira Ratan Manek, yo lo he practicado al completo, y que no he tenido síntoma negativo alguno, ni en la vista ni en el cuerpo todo. Llegue a estar mirando 45 minutos al Sol del atardecer, siempre dentro de la última hora de Sol. ¿Beneficios?. No puedo precisar, solo deciros que estoy sano.

Mirando al Sol. Recibimos información del kosmos. Y la ley del kosmos, es la ley del amor...

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