Lo sepa o no, el sabio sigue la vía del Zen.
Porque a su vez, la vía del Zen es igual al camino de la sabiduría.
La vía del zen, como el rayo, tiene un recorrido
desconcertante, no se atiene a las leyes de los hombres, el practicante Zen
sube la montaña guiado por su intuición. Sortea los obstáculos que le pone en
su camino el Demiurgo, y quien lo vea le parecerá que zigzaguea. Llega a la
cima y mira al mundo con los ojos de águila del que lo dota Wakan-Tanka. Se
sienta en el suelo, cruza las piernas, saca su larga pipa, y se fuma el tabaco
en silenciosa y eterna conversación con El Gran Misterio, le sobraran las
palabras.
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