Estaba
mirando al Sol con devoción, admirando su majestuosidad serena y poderosa,
imperturbable y digna.
Yo lo miraba
y me imagine al astro poderoso mirándome a mí. Y me vi sucio a sus ojos.
Lo siento, perdóname. Entonces el viejo Luís fue enviado al
centro de la Tierra, y esta, con su fuego, lo convirtió en ceniza.
Pero no todo
el viejo Luís, fue al centro de la Tierra. Quedó desnuda, mirando al Sol, una
eterna estatua suya de oro, que brillaba con los rayos solares.
Gracias padre Sol. Te amo.
Así, tenemos
un Luís de oro, que por pasado tiene ceniza. Sin poder sobre el presente. Y como el futuro siempre es una
proyección mental, porque la realidad es la que es, y es imprevisible. Tenemos
la estatua de oro, Luís. Reflejando alegremente los rayos que le envía el Sol,
en el eterno presente…
Todos
estamos fundidos en oro. Solo debemos enviar la costra de suciedad ignorante a
quemar hasta conseguir ceniza inerte. Y luciremos con el Sol.
Puedes
conseguir la neutralización del pasado, porque ya es ceniza. Trayéndolo a tu
presente. Le das poder.
(Investigad.
Del Hoponopono, saco las poderosas palabras. Lo siento, perdóname, gracias, te
amo.)
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