Recuerdo
vagamente un cuento Zen. Se trataba de un precipicio, un tajo en una montaña,
donde de lado a lado habían colocado un tronco. Alguien, un viajero, tenía que
pasarlo, pero estaba sin decidirse, con gran tribulación, porque le atenazaba
el miedo. Ya lo tenemos, el miedo. Porque
otro viajero llego miro y sin pausa paso el tronco limpiamente, no tenía miedo.
Mal vamos si
ante la vida hacemos como el mencionado primer viajero. La vida, si no nos la tragamos
como si dragones mitológicos fuéramos, nos relegara al infierno de los
miedosos. Yo diría que es “pecado” el miedo. Natural por otra parte. En el
término medio está la virtud, porque en mi “catecismo” también considero
“pecador” al temerario.
Siempre
tememos lo que consideramos el mal, y estaremos de acuerdo que este mal es
relativo, el mal puede serlo para una amplia mayoría, pero sigue siendo
relativo por principio. Sabemos que depende, por ejemplo, de la cultura donde
estemos inmersos.
Tememos el
mal. Pero no analizamos suficiente, que el mal, como el bien sirven a la vida.
Sin el mal, no conoceríamos el bien, son polos opuestos, pero complementarios.
En la partida de la vida, debemos saber jugar, cuando tenemos malas cartas. Y
hacerlo sin aspavientos, de un modo natural. Claro que aunque entendamos esto.
Del dicho al hecho, hay mucho trecho.
Dios no está
instalado en el bien, contra el mal. Dios está instalado más allá del bien y
del mal. En un ámbito donde paradójicamente todo es benéfico para la vida. ¿Es
el bien? NO. Es más allá del bien y del mal.
La guerra siempre es desastrosamente
destructiva. Una guerra contra el mal produce más mal que el inicial existente.
Hasta ahora
se nos ha dicho que el mal es la carretera del infierno. Y su opuesta, el bien, la del
cielo. Si circulamos por esas carreteras y nos encontramos en una rotonda. Ese
es el mundo, la rotonda es la metáfora. Es el yin y el yang interactuando, las
dos fuerzas opuestas y complementarias.
Estaremos de
acuerdo de que es el equilibrio en todo, lo benéfico para el humano y su nicho
ecológico, el mundo. Pero si nos situamos en el bien, y rechazamos el mal,
luchamos contra la misma vida. Porque el bien, pero también su polo opuesto, el
mal, tal como digo, sirven a la vida. ¿O no?
“Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os
maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y
os persiguen;
para que
seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol
sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.”
¿Qué nos
queda, si no queremos la guerra? Situarnos en el justo centro de la rotonda, donde reina el beatifico
bien, más allá del bien y del mal. Entonces no le temeremos al mal, porque
seremos amigos, hasta del mismo Satanás.
Al mal, le daremos amor.
Si nos
situamos en el centro de la rotonda, será como estar situados en el ojo de un
huracán, donde reina la calma. Situados en el bien o en el mal, estamos en la
periferia, con terribles turbulencias.
Ya no hay
miedo, porque admitiremos el mal, con la misma ecuanimidad que el bien. Y esa
beatifica felicidad y calma que tendremos interiorizada, la irradiaremos a
los malos y los buenos. Mas repartiremos a los malos que a los buenos, quizá, porque la
necesitaran mas.
“No resistáis al que
es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele
también la otra”
(Cuanta sabiduría contienen los evangelios, sin ir más
lejos…)
El Sol
calienta a buenos y malos. Si nos imaginamos por un momento al Sol, como la
morada de Dios. Veremos que es igual que situarnos en el ojo del huracán, es
ver el mundo desde una perspectiva más alta que la nuestra pedestre. Y entonces
estaremos efectivamente, más allá del bien
del mal, y del miedo. Estaremos en la morada de Dios.
¿Cómo
conseguimos esto?. Con el trabajo introspectivo espiritual. Yo recomiendo entre
mil métodos, uno que es el mío. El Zen.
Saldremos
del manicomio malamente organizado que es el mundo. Y paradójicamente también, el mal no
nos alcanzará, porque estamos muy altos. Veremos al mal “por encima del
hombro”. Como hemos alcanzado ese estado alto al que me refiero, Dios nos lo
premia librándonos de las dentelladas de este mal.
Jesús ¿No
estaba más allá del bien y del mal? ¿Cómo lo mataron miserablemente?.
Jesús,
simplemente, no estaba. Es un mito. los budistas no se lo explican. ¿Como tenia tan mal Karma Jesús? para morir crucificado. Pero el asunto de Jesús es interesante, pero es otro tema.
¿Qué dice el
cristianismo de esta mi reflexión?. Que Dios es el bien y el Diablo es el mal.
Punto. Y si difieres, eres un hereje.
Si alguien se sitúa. No en el trono de San Pedro. Sino con enfoque heliocéntrico, mirándonos como el Sol nos ve, y nos cuenta lo que descubre, seria uno mas que ve desde la no dualidad. Y seria luz para todos.