domingo, 27 de marzo de 2016

El bien y el mal:





Existencia del mal. ¿Por qué?. Este porque tiene respuesta pero para ello nos hemos de remontar hacia el Principio Conciliador descrito por Hubert Benoit en su libro “La Doctrina Suprema”. Para entender cómo funciona, no ya la Tierra, sino todo el Universo. Por qué, a pesar de la existencia del mal relativo, el Universo se rige por la ley absoluta del amor.
El cristianismo que conocen los millones de presuntos fieles. Salvo honrosas excepciones. Es horizontal. El bien y el mal, el Yin y el Yang. No contempla el Tao que envuelve estos dos principios interactuando. Repito, el Principio Conciliador de Benoit, que es el vértice superior de un triangulo equilátero, donde los dos vértices inferiores y horizontales, es el Bien-Yang y Mal-Yin.
El Papa, y los teólogos cristianos, se rinden ante la comprensión de la existencia del mal, porque no se suben al tren de moda de la “no dualidad”. Esta, es morar en el mencionado Tao o Principio conciliador. Es darle perspectiva a la comprensión del mundo, darle profundidad al cuadro de la realidad que perciben nuestros sentidos. Y esto el cristianismo, lo necesita integrar o perecerá, porque la evolución de la consciencia pasa por “la perspectiva”. Ya no vale “luchar contra el demonio”. “Shivá inició su danza cósmica, subyugando al demonio y liberando al mundo.”. Al demonio no hay que matarlo. Hay que fundir su estructura de oscuridad, con luz-amor. Porque si matamos la oscuridad, matamos nuestra propia realidad, nos matamos nosotros. La luz y la oscuridad, sirven a la vida. Ya no vale “moros o cristianos”. Si no ver el origen común de una dicotomía destructora.
El cristianismo primigenio, que era  gnóstico, ya contaba con el Principio Conciliador. Lo perdió por el camino, y repito. O lo recupera el actual cristianismo o perece.
El libro de Hubert Benoit “la Doctrina Suprema”. Lo recomiendo íntegramente, es genial. Aquí traigo un escrito entresacado del libro, que no deja de ser una amputación, de su explicación más extensa.


 “Oísteis que fue dicho á los antiguos: Ojo por ojo, y diente por diente. Mas yo os digo: No resistáis al mal; antes á cualquiera que te hiriere en tu mejilla diestra, vuélvele también la otra; Y al que quisiere ponerte á pleito y tomarte tu ropa déjale también la capa. Y á cualquiera que te cargare por una milla ve con él dos. Al que te pidiere, dale; y al que quisiere tomar de ti prestado, no se lo rehúses.”

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