Existencia
del mal. ¿Por qué?. Este porque tiene
respuesta pero para ello nos
hemos de remontar hacia el Principio Conciliador descrito por Hubert Benoit en
su libro “La Doctrina Suprema”. Para entender cómo funciona, no ya la Tierra,
sino todo el Universo. Por qué, a pesar de la existencia del mal relativo, el
Universo se rige por la ley absoluta del amor.
El
cristianismo que conocen los millones de presuntos fieles. Salvo honrosas
excepciones. Es horizontal. El bien y el mal, el Yin y el Yang. No contempla el
Tao que envuelve estos dos principios interactuando. Repito, el Principio
Conciliador de Benoit, que es el vértice superior de un triangulo equilátero,
donde los dos vértices inferiores y horizontales, es el Bien-Yang y Mal-Yin.
El Papa, y
los teólogos cristianos, se rinden ante la comprensión de la existencia del
mal, porque no se suben al tren de moda de la “no dualidad”. Esta, es morar en
el mencionado Tao o Principio conciliador. Es darle perspectiva a la
comprensión del mundo, darle profundidad al cuadro de la realidad que perciben
nuestros sentidos. Y esto el cristianismo, lo necesita integrar o perecerá,
porque la evolución de la consciencia pasa por “la perspectiva”. Ya no vale
“luchar contra el demonio”. “Shivá inició
su danza cósmica, subyugando al demonio y liberando al mundo.”. Al demonio
no hay que matarlo. Hay que fundir su estructura de oscuridad, con luz-amor.
Porque si matamos la oscuridad, matamos nuestra propia realidad, nos matamos
nosotros. La luz y la oscuridad, sirven a la vida. Ya no vale “moros o
cristianos”. Si no ver el origen común de una dicotomía destructora.
El
cristianismo primigenio, que era
gnóstico, ya contaba con el Principio Conciliador. Lo perdió por el
camino, y repito. O lo recupera el actual cristianismo o perece.
El libro de
Hubert Benoit “la Doctrina Suprema”. Lo recomiendo íntegramente, es genial.
Aquí traigo un escrito entresacado del libro, que no deja de ser una amputación,
de su explicación más extensa.
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