Mostrando entradas con la etiqueta maya. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta maya. Mostrar todas las entradas

lunes, 26 de octubre de 2015

El juego del Lilah



Leyendo al maestro Mikhaël Aivanhov Omraam. Una cosa se me ha quedado grabada a fuego.
El bien y el mal sirven a la vida.
Efectivamente la vida es una continua lucha entre el bien y el mal. Luego el mal tiene derecho propio para reivindicar su existencia, porque lo que es, es.
Pero el mal no lo desea nadie, al menos para sí. Luego nos situamos en contra del mal y anhelando el bien, siempre. Tomamos partido, y caemos de hoz y coz en la dualidad, el “el juego del Lilah”, la danza kosmica (con K, según Ken Wilber), el juego de Dios. Nos convertimos entonces en esclavos del hechizo de maya.
Los rosacruces, los cristianos etc., preconizan el amar hasta a tu enemigo. Si amas a tu enemigo, entonces estás viendo más lejos que la simple aversión al mal representado por quien te puede hacer daño. Estas viendo desde una posición más elevada y con mayor perspectiva. Probablemente sepas que todo en tu vida es lo que creas tú. Absolutamente todo. Si tienes mal, lo has creado tú. Si tienes bien también. Entonces si de la vida recibes mal en manos de un enemigo. Tómalo como una bendición que te corrige del error, ya que repito, el mal que recibes se debe a un error tuyo, en esta vida o en pasadas vidas. Y los errores se pagan para aprender. Y todos cometemos errores. Esta es la vida. Si nos situamos en una posición neutra entre el bien y el mal, nos situamos fuera del juego de Dios. Y podemos conseguirlo sin estar muertos. Entonces le descubrimos el juego a Dios, y Dios nos premia con la gloria en este mundo.
Estamos empeñados en hacer revoluciones para favorecer el bien. Está bien hacerlas, pero sin muertes ni destrucción. Hacer “la revolución de la serpiente” hecha “sin pisar ni la flor ni la zarza”. ¿La mejor revolución?.Descubrirle el juego a Dios. Entonces tendremos precisión de cirujano, para operar en el siempre cambiante maya. Tendremos la más amplia visión, para nuestra particular gloria, y para ayudar al hermano.