En la Tierra sabemos que todo es inpermanente y circular. El humano vive, muere y vuelve a vivir (reencarnación). Las plantas y los animales viven y mueren, pero dejan la semilla para una nueva vida. Hasta en el Kosmos impera la ley de la inpermanencia. Sabemos también que las estrellas nacen de nubes de gas y polvo en el espacio y que también mueren. Nuestro Sol eventualmente agotará su combustible nuclear y se convertirá en enana blanca.
Pero… qué duda cabe de que Tierra y Kosmos se rigen por leyes inmutables también. Los planetas las estrellas y las galaxias se atienen a un orden, de lo contrario resulta obvio que sería un Kosmico caos, chocarían las estrellas como si bolas de billar fueren.
Si dejamos el Kosmos para los astrónomos y nos centramos en
la Tierra, como no podía ser menos esta Tierra se rige también según coordenadas
Kosmicas. La naturaleza, y los humanos… se rigen por leyes que son conocidas
por la Filosofía Perenne y por la
ciencia.
En lo físico se refiere a los principios físicos y matemáticos que rigen el
funcionamiento del Universo, como las leyes de la gravitación de Newton o las
leyes de la termodinámica. Exclusivamente las leyes físicas de la Tierra nos las explica la ciencia, porque tenemos en
los últimos siglos una ciencia exclusivamente materialista.
Pero la filosofía Perenne “tiene la rareza…” de hacer énfasis en la
espiritualidad. ¿Qué espiritualidad? UNA
para todo el género humano. La que nos lleva al UNO de Plotino. Cualquier espiritualidad que se precie, es la que
nos lleva a trascender el ego aunque integrándolo, y a morar en el Testigo que mira desde arriba al que
mira. Y más… mucho más…
Según enseña Ken Wilber. Los sabios griegos nombraban el Kosmos con K porque incluían
en este Kosmos, lo físico. Pero también lo
metafísico. Y el hombre contemporáneo más grande que conozco sobre la capa
de la Tierra, el yogui SADHGURU. Enseña una “ingeniería interior”. Enseña para que cultivemos ese interior
nuestro, aun trágicamente primitivo
y ninguneado por todos, como si no existiese. Toda nuestra percepción de la
realidad está volcada hacia lo exterior del mundo.
Todo efecto tiene una causa. El materialismo que nos invade tuvo su origen en Europa. En Occidente. Cuando la consciencia colectiva paso de la prerracionalidad a la razón con la Ilustración y “el siglo de las luces” durante los siglos XVII y XVIII y su influencia se extendió hasta el siglo XVIIII.
La razón es el dominio de la mente. Pero el humano no solo
es mente. Es cuerpo, mente y espíritu. Y cuerpo y mente son meros instrumentos
del espíritu. Luego si ponemos por techo los frutos de la mente. Estamos “capados”.
Renunciamos hoy y ayer, al cristianismo romano porque se nos ofrecía, o
mejor se nos imponía como una religión meramente “traslativa” con palabras de
Ken Wilber. Es decir, una religión exotérica,
de culto huero al servicio del poder terrenal. No nos valía. Habíamos aprendido a pensar y ese anhelo de
trascendencia que todo humano tiene. No
lo satisfacía el cristianismo romano. Con un esoterismo raquítico. Y mucho mucho en su contra. Pensad en su
historia negra. (Pensad hoy con el Papa
promoviendo la siniestra agenda 2030. Eso si rebozada con almíbar para que la traguemos mejor…)
Como renunciamos a la bazofia milagrera que se nos vendía como “espiritualidad” no nos quedaba más
que la razón y la ciencia. Sin espíritu…
(Hoy la física cuántica nos está llevando de nuevo a lo que ya descubrieron los sabios griegos. A la física y la metafísica, y tal como enseña el Kibalión y enseñaba el gran Tesla. Todo es energía y vibración…)
Bueno, me podría extender, el tema da para mucho. Otro día…
Todo lo que he escrito es para ilustrar que la causa de que en nuestro jardín interior
crezcan los hierbajos se la atribuyo al
cristianismo romano como una religión que no solo no nos despierta, sino
que nos atonta. Opio para el pueblo…
La autentica
espiritualidad nos hace tigres.
El cristianismo
romano (no el gnóstico) borregos…