El águila, algo más que a mitad de su vida, cambia pico garras y plumaje.
Se renueva, deja atrás lo viejo. Y la serpiente cambia varias veces en su vida,
la parte superficial de su piel o camisa. Dos ejemplos de renovación, de
comenzar de nuevo.
¿Y los humanos? ¿Qué hacemos?.
Los humanos solemos llegar a la vejez, con el cuerpo enfermo. Por varias
razones. Una de ellas es por los contenidos de nuestra mente. A medida
acumulamos décadas de recuerdos, unos son agradables y positivos y otros todo
lo contrario. Entonces los recuerdos negativos que han quedado impresos en
nuestra mente, mientras les prestemos atención, les damos poder y son como
rejas de jaula en nuestra vida que nos mantienen en esa negatividad. Pobre del
que le remuerda la conciencia, pues está pagando la condena por sus actos y no
puede ser feliz.
Pero el Universo se rige por la ley del amor, y lo que no es amor es
ignorancia y estupidez. Wakan Tanka, el Gran Misterio, sabe como somos, porque
somos engendro suyo.
–Hay esperanza-
La misma Iglesia Católica, te perdona graciosamente los pecados si hay
propósito de enmienda.
Pero sin Iglesia ninguna.
Basta decirte como propone mi amigo Eduardo Ontiveros. Propone que te digas:
¿Qué quieres ser?. -La consecuencia de pretéritas causas o la causa de tus
futuras consecuencias-. Es decir, proponte un simple “borrón y cuenta nueva”, y
esto el Gran Misterio, no solo te lo permite, sino que te lo premia.
Claro, que los errores cometidos, no se deben repetir, la “enmienda”
famosa. La ley del Karma, queda atrás si consigues volar alto, como el águila.
Si vibras a una frecuencia baja, repetirás los errores inexorablemente, y
consecuentemente, seguirás pagando Karma. Si haces el borrón y cuenta nueva, y
te abres a la ley del amor, remontaras el vuelo y tu vida será –creeme-
venturosa. Veras el manicomio organizado desde tu altura apacible el Karma ya
no te atrapa.
Para “aumentar la vibración” hay muchas muchas tecnologías espirituales, no
recomiendo ninguna en especial, solo diré que yo practico una mezcla ideada por
mi, para mi…, mitad Zen y lo que propone Eduardo Ontiveros, y también lo que
propone Daniel Lumera.
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