domingo, 8 de noviembre de 2015

Una cosa es predicar, y otra dar trigo.



Una cosa es predicar, y otra dar trigo. La Iglesia romana, prácticamente fundada por el sátrapa Constantino. Hoy. Ni sabe predicar, ni sabe dar trigo. No convencen a nadie grosso modo hablando. Y de dar trigo, migajas para justificar que son caritativos.
Al Papa lo creo bien intencionado. Motivo por el que se le rebela la curia. Pobres de los creyentes, que se guían por el “magisterio” de la Iglesia Católica (si los hay hoy…)
Las otras confesiones cristianas, van a la zaga de la I.C.A.R.
Afortunadamente, cada vez se ve mas claro, que es trigo y que es cizaña.
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La Curia romana contra el Papa

Los dos libros sobre el reciente escándalo demuestran que la nomenclatura vaticana recela del actual pontífice

El nuevo arzobispo de Buenos Aires, Víctor Manuel Fernández, confesaba en una reciente entrevista al Corriere della sera –no tan reciente como los escándalos de esta semana– que la Curia romana era prescindible y que el pontificado podría ejercerse desde Bogotá.
Tanto valía la capital colombiana como cualquier otra del orbe que no fuera Roma. Para neutralizar la nomenclatura parasitaria lejos de su hábitat y para preservar el rumbo de la Iglesia de una ciudad resabiada que la ha corrompido entre las conspiraciones y la mundanidad.
Lo demuestran los libros de Gianluigi Nuzzi (Via Crucis) y de Emiliano Fittipaldi (Avaricia). Y no por su originalidad en el retrato de una casta política y cardenalicia que se aferra a sus privilegios como si fueran un derecho natural. También porque las revelaciones de los cuervos han destapado a Francisco el hedor de una ciudad que observa al Papa como un cuerpo extraño, como un advenedizo entre cuyas aspiraciones más ingenuas descolla la purificación de las cañerías del Tíber.
Ya escribía Tácito que el Vaticano era un lugar infame, del mismo modo que Plinio definía el arrabal romano como un vertedero de ratas y de serpientes. No se había levantado entonces la primera piedra de San Pedro, pero los ejemplos históricos sobrentienden una maldición embrionaria. Con más razón cuando Vaticano, más allá de un topónimo religioso y de una fortaleza de 44 hectáreas, adquiere su nombre de un oráculo etrusco que abrumaba con sus cualidades adivinatorias.
Nunca figuró la hipótesis
de que el destartalado castro terminaría convirtiéndose
en la capital de la cristiandad
Nunca figuró entre ellas la hipótesis de que el destartalado castro terminaría convirtiéndose en la capital de la cristiandad, alojando en su regazo pagano a la Iglesia católica, apostólica y romana, de tal manera que la romanidad fundacional representa un aspecto determinante de la idiosincrasia, tantas veces a expensas de la universalidad.
Una Iglesia romana en sentido restrictivo. Una Iglesia “de” Roma, emancipada de sus obligaciones espirituales y de su vocación planetaria, secuestrada por los prebostes de una jerarquía que se ha propuesto reconstruir el paraíso en la tierra, haciéndose prevalecer sobre el eventual inquilino del trono de Pedro.
Exagerando un poco las cosas, Juan Pablo II se dedicó a evangelizar el mundo porque no soportaba la burocracia ni la elite endogámica de Roma. Ratzinger decidió abdicar porque se reconoció incapaz de transformar los hábitos incorregibles de eminencias y monseñores.
El cardenal Bertone realizó las obras de su fabuloso apartamento con el dinero
de un hospital infantil
Por eso adquieren un valor profético la Roma de Federico Fellini, el desfile de la moda pontificia, la descripción fantasiosa, delirante –puede que no tanto– de una jet set eclesiástica anestesiada en su propio incienso, intrincada en la política nacional y profundamente local.
Se explica así la incredulidad de los papas extranjeros en su concepción global del mensaje cristiano, extraños en una ciudad subterránea cuyos misterios incitan o invitan a recelar hasta de los monaguillos.
Benedicto XVI se definió a sí mismo como un pastor rodeado de lobos. Ni podía fiarse ni de su mayordomo ni tuvo suficientes tragaderas para encontrarse donde ahora se expone la ingenuidad de su heredero, traicionado a su vez por un ecónomo de Astorga, Vallejo Balda, al que se atribuye desmesurada y noveleramente la urdidumbre de una conspiración del Opus Dei contra la Compañía de Jesús.
Y las cosas parecen más simples. Tan simples como la resistencia de la vieja guardia, del antiguo régimen, a las ambiciones quijotescas con que Francisco pretende rectificarles el tren de vida y reprocharles la tergiversación blasfema de las obligaciones cristianas.
Ha descubierto Bergoglio que el Vaticano es una inmensa agencia inmobiliaria, 5.000 apartamentos, locales, terrenos, y otros tantos millones de euros como trasunto de un imperio que convierte las beneficencia en pantalla limosnera de una sociedad corrompida y opulenta.
El cardenal Tarcisio Bertone, figurón papable en el último cónclave, realizó las obras de su fabuloso apartamento con el presupuesto de un hospital infantil –Bambino Gesù–, un comportamiento vampírico del que puede explicarse una de las conclusiones más estremecedoras del libro de Nucci: de cada 10 euros destinados originalmente a la caridad, únicamente dos se atenían a su objetivo o su destino.
El resto se entretenía en el camino como recurso financiero de una jerarquía funcionarial que se gustaba a sí misma en los saraos sociales. Y que “celebraba” las canonizaciones de Juan XXIII y de Juan Pablo II descorchando botellas de spumante en una fiesta de 18.000 euros particularmente propicia a la promiscuidad de futbolistas, velinas, políticos, periodistas y aristócratas apuntalados.
Es la sociedad que describe Paolo Sorrentino en su corolario felliniano de La gran belleza, un mosaico obsceno de una Roma putrefacta cuyas fiestas no alcanzan la reputación social necesaria si no las frecuenta un cardenal y no se materializan, uno a uno, los siete pecados capitales.
Es la decadencia de la decadencia. Que no la agonía, pues la remota fundación de Roma ocho siglos antes de Cristo la convierte en una fortaleza indestructible, mixtificada, incluso ajena a la revolución coyuntural que aspira a proponerse un pontífice argentino, un marciano contra el que conspiran sus propios cortesanos.
Roma la fundó una meretriz, la loba capitolina, y se la disputaron a muerte dos hermanos, Rómulo y Remo, inscribiendo un pecado original que se ha arraigado en su identidad destructiva y creadora. Una ciudad incorregible que se rebela como una depredadora al menor atisbo de purificación.
Por eso tiene sentido la reflexión de monseñor Fernández en la diócesis de Buenos Aires. No se concibe una catarsis de Roma, pero sí podría extirparse el mal de la Curia trasladando la cruz a una fundación incontaminada.



(Fuente: “El País” 8 Nov. 2015)

jueves, 5 de noviembre de 2015

Por sus obras los conoceréis…



Además de la pederastia, tema sórdido que da asco tratar. La “Iglesia de Cristo” aloja en su seno a otros tipos indeseables. ¿Qué hay de limpio, en el Vaticano?
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Lujo y descontrol en la curia

Los dos libros envueltos en las detenciones de colaboradores del Papa están basados en la documentación recogida por la COSEA, la comisión creada por Francisco para reformar las finanzas del Vaticano, pero hay uno —Via Crucis, del periodista Gianluigi Nuzzi— que ofrece además una serie de grabaciones de las palabras de Jorge Mario Bergoglio. En una de las primeras reuniones, el Papa muestra ya gran preocupación: “Cuando fui prelado [de Buenos Aires] un nuevo ecónomo fue al banco para controlar [las inversiones]. ¡Y se enteró de que más del 60% eran en empresas que construían armas! Hay que vigilar las inversiones, deben tener una orientación clara. Alguno de vosotros me ha recordado que hemos perdido más de 10 millones en Suiza, por una inversión mal hecha. Algunos dicasterios tienen dinero por su cuenta y lo administran privadamente. La caja no está en orden y es necesario ponerla en orden. Me recuerda aquello que decía un párroco anciano de Buenos Aires, sabio, que tenía mucho cuidado con la economía: 'Si no sabemos cuidar el dinero, que se ve, cómo cuidamos las almas de los fieles, que no se ven”.
Tanto el libro de Nuzzi como el de Emiliano Fittipaldi recogen las irregularidades descubiertas por la comisión. Hay algunas que van claramente en contradicción con “la Iglesia pobre y para los pobres” que deseaba Francisco en sus primeros días como Papa. Un listado de los lujosos apartamentos —algunos de 500 metros cuadrados— que disfrutan algunos cardenales de la curia, los 4.000 millones de euros que suponen —tirando por lo bajo y solo en Roma y alrededores— las propiedades inmobiliarias del Vaticano, la desviación de los fondos del hospital del Niño Jesús para que monseñor Bertone remodele su ático o viaje en helicóptero, el descontrol de las tiendas libres de impuestos o de la gasolinera del Vaticano —a las que en realidad solo tendrían que acceder los empleados pero de las que se beneficia media Roma—, el negocio fuera de toda lógica de la llamada “fábrica de santos”, los postuladores que cobran a precio de oro las candidaturas a santos... “Hay algunos casos”, explica Fittipaldi, autor de Avarizia, “en los que los parientes de los aspirantes a beatos o santos pueden pagar hasta 400.000 euros a los postuladores”.
El papa ya ha dado órdenes de que se regularan los emolumentos de los llamados postuladores. Otra de las cuestiones sobre la que sigue habiendo gran misterio tiene que ver con el IOR (el Instituto para las Obras de Religión, más conocido como banco del Vaticano). Aunque es cierto que Joseph Ratzinger impulsó su salida de la más absoluta oscuridad y, nada más llegar Jorge Mario Bergoglio, se cerraron un buen número de cuentas sospechosas, el Vaticano no fue del todo claro. Como explica el autor de Avarizia, “el IOR no ha proporcionado aún al Banco de Italia la lista de personas que han protagonizado blanqueo o fuga de capitales, a pesar de que lo llegaron a prometer”.

(Diario español: “El País” 4 nov. 2015)

viernes, 30 de octubre de 2015

EROS y THÁNATOS



    

Dicen que los cuervos huelen la inminente muerte.
Thánatos  despliega sus negras sombras sobre nuestro planeta.
Olemos a muerto, estamos enfermos.
Kósmicos cuervos acuden a bandadas.
A posarse sobre las ramas secas de la indiferencia.
¿Se disputarán nuestros despojos?.
Solo poniendo nuestro peso moribundo.
 En el platillo de Eros, de la Vida.
 Espantaremos los cuervos de Thánatos.
La balanza,  podemos moverla hacia la vida.
Depende de nosotros. “¿Quién es el rey de la creación...?”.

También en el banquete de los ricos.
Hoy, aparece sonriente la calavera.
Vida para todos, o muerte para todos.
Sabio es el Kosmos, que castiga sin manos.
No pueden comprar los ricos.
Otra Tierra para sus hijos.

Los huesos del faraón, no han revivido.
Sabia es la vida, y sabia es la muerte.
La vida y la muerte, castigan sin manos.
Son justas, nos iguala a todos.

La planta brota con un impulso de vida.
Y nosotros la pisamos.
Hemos sido taladores.
Que Thánatos se nos lleve.
Los tiernos niños,  serán jardineros.
¡Que bárbaros, eran sus abuelos!

¡Qué razón tenia, el noble indio.!

Solo después que el ultimo árbol haya sido cortado.
Solo después que el ultimo río haya sido envenenado.
Solo después que el ultimo pez haya sido pescado.
Solo entonces descubrirás, que el dinero no se puede comer.

Como el rey Midas.
¡Todos¡ deberemos cambiar el oro, por vida.  
Bañándonos en el río Pactolo.

Los capitanes borrachos, que nos llevan al infierno.
La nausea, la pretenden universal.
Solos con su vomito. Tirados en la acera, de la calle Progreso.
Deberán quedar. Rumiando como es, han “caído en el arrollo”.


¿Dónde están, los bodhisattvas?.
Apareced, hermanos.
Construyamos la belleza.
El remolino nos traga.
Vosotros tenéis poder.
Serenad los volcanes.
Serenad los “rugientes cuarenta”.
El viento del desierto.
Sosegad, el convulso mundo. Serenad el torbellino.
Airada y furiosa la Pachamama tiembla, parad por compasión
La furia de la Madre Tierra.
Haced, que la Luna, proyecte majestuosa su reflejo.
En el sereno estanque.
Haced posible un mundo, donde la madre amamante a su hijo.
En paz.

¿Qué universo paralelo, es el infierno?.
Si no es la realidad que vivimos.

Nos ahogan en su vomito.
Los capitanes borrachos.
Aliados de la muerte.
Hacen hediondo el mundo.
A un tormento de agonía. Pugnan por arrojarnos.
Sirven al dios Thánatos.
Los cuervos se lo agradecen. ¡Qué gran festín!.

Hazte, esta pregunta.
¿Dónde descargas tu peso?.
De la balanza. ¿Qué platillo es el tuyo.?
¿Qué pone su letrero?.
Pone Vida o pone Muerte.
¿A que dios sirves?.
A Eros... o a Thánatos…
Si estás enlodazado en el lodo del mundo
Piensa: la vida aún te quiere, estás vivo.
Y piensa en el loto, se eleva desde el fango.
Elévate tu también, y el tiempo te librará.
De tus recuerdos de fango y de muerte.
Un loto en la charca, una luciérnaga en la noche.
Una esperanza para el sufrimiento.
Puedes conseguirlo, eres Grande. Tu esencia es Uno, con el Gran Misterio. Cuando esto lo -sientas-, serás inmensamente feliz.