Quien duda de que unos estamos en la parte estrecha del
embudo, y otros en la parte ancha.
Al margen de las habilidades de cada cual, para situarse económicamente
más o menos cómodamente en la vida, subyace una cuestión ética, en cómo, que
aptitud adoptamos frente al duro menester de ganarse la vida, para los muchos….,
para otros no….
Aun existe un poso del ya viejo ardor comunista en muchos de
los explotados, ninguneados, despreciados y humillados. Aún se ve al burgués,
en muchos, como un enemigo a odiar y combatir.
Por este motivo, y por
otro que sacaré a la palestra. El burgués, el empresario el emprendedor. Se ve
con malos ojos en términos bastante generales, por una gran parte del pueblo.
No se le perdona que sea rico y nade en la abundancia. Y esto no es
necesariamente envidia. Es el mismo sentimiento del que ve robar y el no lo haría.
Y me explico…
El empresario emprendedor, es un capitán para el pueblo. Pero…,
cuando trabaja sirviendo a este pueblo, y subyacentemente beneficiándose de su
labor de servicio.
El empresario emprendedor, el capitán del pueblo, lo es
cuando –sirve- a la sociedad. No cuando -se sirve- de esta sociedad para
engordar económicamente como un chinche, a costa del sufrimiento y el sudor del
pueblo. Y hasta de su sangre.
Por eso es ambivalente la función del empresario. Si sirve,
se merece una estatua. Si se sirve, para sí, de la sociedad. Merece algo que me
callo…, y utilizaré las palabras políticamente correctas: Que se merece toda la
reprobación del pueblo.
Por el motivo que apunto, muchos vemos a los empresarios,
como delincuentes y lastimosamente necesarios, a falta de empresarios mejores,
con ética u prosociales. No parásitos sociales.
El “valor” capitalista, que ensalza el egoísmo, como la “mano
invisible” que hace funcionar la sociedad como un reloj mecánico. Es una
falsedad que convierte el mundo en un lugar inhóspito y horrible. Tal como
vemos.
Para todas las partes del embudo….
SERVIR, NO SERVIRSE.