La
revolución proletaria, era fuego en el pecho de sus hijos. Ese fuego, lo sentí yo
también en mi juventud. Estábamos diametralmente equivocados. Buscábamos cambiar
el exterior de lo humano. El interior lo dejábamos salvaje. Tal como es, si no
se poda mucho mucho.
Ese fuego en
nuestra generación de revolucionarios, la ultima. Se fue apagando por múltiples
factores. El principal para mí. Que no se ajustaba a la realidad. Que lo errado
tiene poco recorrido. De otra manera, la ideología revolucionaria, hubiese evolucionado
sin duda. Pero algo conservaríamos valido y perdurable.
Ken Wilber,
ha nacido muy tarde… Si hubiésemos contemplado tanto el exterior como el
interior del humano. Hubiese sido de verdad una revolución civilizatoria. Marx
nos extravió. Todo no es la economía.
Fuimos. “Los
últimos de Filipinas”. Los revolucionarios de mi generación. Ahora ya nadie
cree en esa revolución proletaria.
¿Qué tenemos
hoy?. Que donde nosotros jóvenes “comprometidos”, nos indignábamos furiosos porque
el capital nos explotaba. Ahora, nuestros hijos, suplican un puesto donde ser
explotados ignominiosamente.
Eso ha
quedado de nuestra querida revolución. O sea, nada. Estamos igual, que al principio.
Pero aquí en
España. Ha nacido PODEMOS. “Una llamita en el rescoldo”. Son fundamentalmente
los hijos de los últimos revolucionarios. Los que levantan la bandera. Una bandera
que tiene los colores del pueblo. Es una llamita de esperanza.
Solo les
pido una cosa. Que miren por la “felicidad bruta”. Además del “producto interior
bruto”.
El “profeta”.
Cubierto de polvo en las librerías. Marx. Debe dar paso a Ken Wilber.
Leed a
Wilber, hijos míos. Y os volveréis wilberianos. Y esta vez si. Vosotros daréis
en el clavo…