miércoles, 30 de noviembre de 2016

Escaparse por el tejado



Estamos cercados. En lo económico lo político y si alguna vez hubo un contrato social, ese contrato hoy, es papel mojado.

Todo lo que nos posibilitaba una vida medianamente digna, si nos dedicábamos solo a trabajar, dejando al empresario y al comerciante, el cómo vender mejor en el mercado, tu fuerza de trabajo. Todo esto que digo y más. Está sufriendo un terremoto.

Estamos cercados por la especulación despiadada de los bancos. Por la búsqueda de estos del beneficio en el menor tiempo y a costa de lo que sea. O sea el materialismo del dinero carente de toda ética. Una involución civilizatoria.

El siglo XVIII, Siglo de las Luces, nos legó la democracia moderna. Basada en la pura razón. Cuando la razón es solo una pequeña parte visible del gran subconsciente y del inmenso supraconsciente. Nos legó una fórmula para “no llegar a las manos”. Para discutir sin matarnos. Insultarnos si cabe en el Parlamento. Pero no matarnos en la calle.

Día a día, nos percatamos mas la “masa”, de que el techo del entendimiento humano, de la consciencia. No lo constituye la mera razón.

Oculto a esta razón, está el subconsciente. Los impulsos que nos manda este, los “racionalizamos”. Pero las reglas democráticas, se quedan en mero instrumento que tergiversamos como le da la gana, al  subconsciente….

Somos subconsciente, consciente y supraconsciente. La razón consciente. Si crea algo desde la limitación de su campo, lo crea desde una realidad, que no es tal. Porque ignora el subconsciente y el supraconsciente.

Nos están guisando en nuestro propio jugo. Y nosotros pobres ingenuos, pretendemos esgrimir los valores democráticos. Que como gran fachada que oculta lo tenebroso. Los grandes Cabrones, permiten que juguemos en un juego trucado. Como las ruletas de los casinos. Jugamos jugamos y al final siempre gana el casino de los Cabrones.

Saltar de la olla. Automarginarse en todo lo posible del sistema triturador de personas. Teniendo la idea de buscar la no integración en este sistema. En lugar de buscar  en el, un puesto de relevancia. Cada cual sabrá lo que puede hacer con su vida. Esto como medida defensiva.

 A cualquier joven le digo. Que si pretende escalar e integrarse en la cúspide del sistema. Tendrá que vender su alma. A los Cabrones. Al Diablo.



Pero podemos doblarle el brazo a los Cabrones, ganarles el pulso:

De hecho. Parece ser. Y a pesar de lo que nos venden los medios, controlados, si… por los Cabrones…

Parece ser que les estamos ganando la madre de todas las batallas. Voces autorizadas lo dicen. Que la ampliación de nuestra conciencia, se está dando de forma masiva. Y eso es lo que temen los Cabrones….

Siempre me ha maravillado que se paguen esas sumas de vértigo por las obras de arte. Lo pagan los ricos que de pasada…, controlan el sistema.

Quiero ver en ello. El deseo de poseer algo que por ellos mismos ven inalcanzable realizar. Como quien mete un grácil pájaro en una jaula. El pájaro es “suyo”, pero ellos son feos y peludos.

Por ahí. Por lo bello, por lo bondadoso, y por lo verdadero. Podemos ganarles la batalla. Porque hasta ahí no llegan. Ellos obedecen a los instintos primarios subconscientes. Nosotros debemos alcanzar altura con respecto a ellos, trabajándonos nuestro supraconsciente. Escaparnos por el tejado.

Los Cabrones son personas que obedecen a la tentación del Diablo. Son personas erradas. Nuestra compasión para con ellos. “odia el delito y compadece al delincuente”. Desde el supraconsciente, vibramos mas sutilmente, nos envuelve la armonía. Seriamos capaces de derretir el hielo que tienen en su corazón, los humanos cabrones. Y entonces ¿que tendríamos? . Una Nueva Tierra, nada menos.

¿Cómo nos trabajamos nuestro supraconsciente?. Silenciando nuestra mente. Lo demás vas rodado. Hay muchos muchos métodos. Desde el Zen, a la Oración Contemplativa.

Había un monje Zen. Que cada día. “ Se pegaba unos hartones de reír, de miedo”. Cuando le preguntaban decía que se reía de ver la estupidez humana. De eso se trata, de ser lucidos y no estúpidos. Tenemos en nuestro ADN. La facultad de ser unos seres luminosos. Capaces de hacer prodigios que ahora se nos parecen imposibles. (Por ejemplo, uno. Vivir sin comer y casi sin beber. Alimentándonos del Sol). Seguro, seguro, que si consigues un punto de vista. El punto de vista del Sol. Que todo lo ve desde arriba. No hay Sol y sombra, para el  todo es luminoso. Ten por seguro que tú al menos moraras en la Nueva Tierra.


Y el Mal relativo no te alcanzará, porque su hielo se derretirá, cuando llegue a ti, y tu luminosidad solar.

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